Conjunto de suelos taraceados de alto valor decorativo —octógonos, estrellas y grecas— distribuidos en hall, salón principal y estancias anexas. La taracea, incrustación de maderas nobles sobre soporte, exige precisión geométrica y estabilidad del plano de pisado para preservar su lectura histórica.
El estado previo concentraba deformaciones por humedad, ennegrecimientos y putrefacción cúbica en rastreles con ataque de xilófagos; además, se detectaron tuberías oxidadas y pérdida de continuidad en el dibujo. Reto principal: devolver planimetría y coherencia visual sin forzar el material ni bloquear sus movimientos higroscópicos.
La intervención comenzó con numeración y desmontaje controlado, diagnóstico del rastrelado y sustitución por nuevos rastreles y tablazón hidrófuga. En paños frágiles se aplicó refuerzo con tablero fenólico y consolidación puntual; las composiciones se armaron con tiras de ébano y reposición de estrellas donde faltaban. Ya montado el pavimento, se ejecutaron reposiciones in situ y enchuletados para cerrar fendas y estabilizar encuentros.
El acabado integró plastecido, acuchillado, teñido de injertos y doble barnizado para un brillo uniforme y protección compatible. Se restauró el escalón de acceso al Salón Principal y, en paralelo, se aplicó DRYKIT® de desecación de muros para cortar humedades que comprometían la durabilidad del conjunto.
Resultado: estabilidad estructural del soporte, continuidad del dibujo taraceado y lectura estética unificada. Una obra que devuelve uso seguro, nitidez geométrica y dignidad visual a las estancias nobles.