A mediados del siglo XVIII, el arquitecto Santiago Bonavía proyectó una de las joyas arquitectónicas del Palacio Real de Aranjuez: la Escalera Principal. Enclavada en el ala oeste del edificio, su monumentalidad y decoración fingida imitando madera eran testimonio de la sofisticación de la corte borbónica. Esta obra, enriquecida posteriormente por orden de Isabel II, fue escenario de momentos históricos como la llegada del primer tren real en 1850. Dos siglos después, El Barco emprendió su restauración para devolverle todo su esplendor.