El Palacio Real de El Pardo nació como enclave vinculado al cazadero real del Monte de El Pardo y evolucionó, desde el siglo XVI, hacia residencia palatina: Carlos I impulsó su transformación y Felipe II reforzó su vocación representativa, antes de que el gran incendio del 13 de marzo de 1604 alterara profundamente el conjunto y sus decoraciones; la reconstrucción posterior y, ya en el siglo XVIII, las reformas y ampliaciones bajo Carlos III (con intervención de Francesco Sabatini) consolidaron el carácter cortesano de sus estancias, hoy gestionadas por Patrimonio Nacional. En este marco, la obra intervenida —Apolo y las Musas, temple sobre muro con elementos ejecutados al temple sobre lienzo pegado a muro, en la Suite 11 (junto a Galería de la Reina)— presentaba un cuadro de alteraciones asociado al movimiento estructural (grietas y deformaciones, especialmente hacia balcones), debilitamiento de capa pictórica en bordes de grietas, repintes y reintegraciones alteradas, suciedad superficial y manchas de antiguas humedades con cercos, además de impregnaciones dispersas. La metodología se articuló en fases: documentación y diagnóstico; protección de elementos colindantes e instalación de medios auxiliares conforme a normativa UNE-EN; limpieza mecánica en seco con brochas suaves y aspiración controlada, seguida de limpieza en seco con esponjas ; comprobaciones de estabilidad mediante sonado; consolidación con sentado de color; saneamiento de grietas y consolidación estructural por inyección ; estucado y reintegración cromática con lápiz pastel y colores. El resultado recupera la estabilidad y la lectura unitaria del conjunto, dejando además pautas de seguimiento para controlar futuros movimientos y posibles goteras.