Levantada entre finales del siglo XII y mediados del XIII, la iglesia de Santa María Magdalena de Cofita es una pieza sobria y elocuente del románico aragonés; su declaración como Bien de Interés Cultural (Monumento) en 2019 consolidó el valor patrimonial de un edificio cuyo paño sur había sufrido históricamente los efectos de la humedad y movimientos de fábrica. Entre 2022 y 2023, se realizaron, en dos fases de intervención, el descubrimiento y consolidación de las pinturas murales del lado de la epístola de la iglesia. El estado previo combinaba juntas decohesionadas, grietas, arenización y oquedades entre estratos, además de morteros de yeso de cubrición de diferentes tipos y zonas de capa pictórica frágil. La metodología priorizó la mínima intervención y el mantenimiento del original: y consistió en la retirada controlada del yeso con herramientas manuales; protección de bordes con papel japonés y emulsión acrílica; consolidación por inyección con mortero de cales naturales con apoyo de apertura de poro mediante agua-alcohol y limpieza de salpicaduras; consolidación superficial donde existía pulverulencia. Tras ello, se ejecutó limpieza mecánica del soporte y la película pictórica, y un rejuntado con materiales compatibles con el original, rellenos específicos en grietas de gran tamaño y cascotes en huecos mayores; finalmente, sellado de bordes con mortero de cal-arena, sin reintegración cromática ni protección final, siguiendo un criterio arqueológico. Como medida de conservación preventiva se colocó una lámina de metacrilato en el ventanal, fijada con imanes de neodimio para evitar daños por clavado, manteniendo aireación sin cierre hermético. Todo ello permitió recuperar escenas vinculadas a la vida de la Virgen (con lecturas e hipótesis iconográficas) y motivos del pilar —incluida cartela con probable autoría “Domingo Perez Pintor”.